Mi padre.

Mi padre vivió y me dio la vida, me dio alegrías y tristezas, a veces no lo comprendía ni él a mí, pero él reía y yo reía. Fue el mejor padre que pudo ser. Me apoyó en los infinitos proyectos que tenía para mi vida. No importaba si cambiaba de rumbo, él siempre estaba ahí para mí. 

Trató de enseñarme a vivir, algo que honestamente aún sigo descifrando. Era un personaje único, muchas veces indescifrable y cuestionable, pero fiel ante sus principios y decisiones. Me enseñó por medio del ejemplo a morir, a morir con dignidad, morir con amor a la vida porque no hay nada de malo en morir y enfrentar la muerte cuando uno la quiera encarar.